Si es que me conoces, sabras que me gusta viajar en metro porque veo muchas cosas curiosas que me han inspirado para escribir. Pues bien, esta vez no fue la excepción. Hace un par de días tuve que usarlo y me di cuenta de algo que me sorprendió: cada vez hay menos caballeros, pero también menos damas. No sé a qué se deba y hasta hace unos días no me habia detenido a pensar con atención en este asunto, pero es verdad: ni siquiera entre mujeres nos tratamos con "damallerosidad", por llamarla de alguna manera. En esta ocasion me toco irme en el vagón donde van únicamente las mujeres, subió una joven con un bebé. Ella debía tener entre 18 y 20 años, o más con mucho dinero para cremas rejuvenecedoras. No lo sé, pero ninguna de las mujeres que iban sentadas le cedió su asiento (en este punto tengo que aclarar que yo no iba sentada.) Tampoco se lo cedieron a una anciana que llevaba un brazo vendado y apenas podía agarrarse de los tubos para no caer. A las mujeres que no cedieron...
Todo lo que pasa por mi mente, lo escribo aquí.